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+50 +60 sin pudor



Que la edad no te quite las ganas

 

Una vez que te acostumbras a vivir fuera de la incómoda (no por incómoda, sino por aburrida) zona de confort, también te acostumbras a probar cosas nuevas de forma sistemática, también, más allá de los 50 y de los 60.

Pensémoslo así, todo es cuestión de entrenamiento, cuanto más realizas un camino tanto más se agranda esa vía y hoy sabemos que los caminos neurológicos funcionan de manera similar al ensanche de las carreteras que terminan siendo autopistas.

No es que no nos cueste o no nos rete hacer o practicar cosas nuevas, claro que ocurre, la diferencia estriba en que no le damos tantas vueltas y nos ponemos a ello.

Deepak Chopra nos cuenta que al llegar la edad senior, los humanos nos dividimos básicamente en dos clases: los que agudizan el miedo a prácticamente a todo, a vivir, en definitiva, y los que lo pierden prácticamente por completo porque entienden que una vez en este punto con tanto camino ya recorrido cualquier dilación para experimentar o hacer o vivir se convierte en una temeridad.

Yo también lo veo así. No es que yo me caracterice por ser altamente rupturista o vanguardista, no, no es eso, más bien, es como un sentido de urgencia ante aquello que medianamente me interesa o entusiasma y que decido voy a acometer.

Empecé a bailar funky (y otros estilos) a los 48 años cuando un entrañable reumatólogo me insinuó que mis huesos no podrían sujetarme mucho más tiempo. Añado que actué varias veces en teatros y en galas junto con mis compañeras y fue una de las experiencias más gratificantes hasta ahora.

Inicié mi primer emprendimiento a los 55 años, abandonando primero un trabajo estable y convencional después de casi 30 años en la empresa.

Me casé a los 60 por segunda vez, bueno, boda como tal no ha habido, todavía, pero igual la montamos en algún momento.

Nos trasladamos a un entorno rural a los 61, véase, a un pueblo pequeño, el mío natal para más señas, después de haber vivido en la gran ciudad y alrededores toda la vida.

Hasta hace un par de años no había hablado nunca antes ante un auditorio de más de 100 personas, todas juntas y a la vez, que además parecía que me escuchaban y ponían atención.

Alguna experiencia más hay por ahí, pero no se trata de impactar, ya que seguro hay vidas mucho más apasionantes. Lo que vengo a decir es que el tiempo nos pertenece y no como propietarios, sino como usuarios privativos de este preciado bien, y si no entramamos un uso exclusivo, entusiasmado y aprovechable del mismo, luego no habrá opción. Y con luego, todos entendemos a qué me refiero, por eso, hemos de convertir la vida, nuestra vida en algo perentorio para que no nos entren las prisas cuando ya tenga peor arreglo esto del vivir.

Porque que alguien me explique por qué resulta tan tedioso y desidioso modificar todos esos hábitos cotidianos que nos consumen más energía de la que nos dan y en función de qué hemos de seguir el guión tan estrictamente diseñado por el colectivo cultural de turno si al fin y al cabo, todo quedará más que olvidado tras 100 años, siendo muy generosa.

Si no te sale, pues no te sale, pero si mínimamente te interesa vivir un poco más allá de lo establecido, te propongo que te pongas a ello cuanto antes y no dejes para dentro de 5 minutos lo que puedas hacer en este primero.

Sacúdete el polvo, revisa tus libretas del año que sea donde apuntabas todo aquello que querías hacer de pequeño y que luego olvidaste en el baúl y ponte con la primera.

No será mejor ni peor que ahora, pero sí proporcionará a tu vida la chispa que la mayoría hemos perdido a los 60 (o antes, algunos incluso, tristemente, mucho antes) y que en innumerables casos pareciera que ya solo nos queda esperar, esperar, ¿qué? Ni ganas de escuchar lo que viene a continuación.

Me he propuesto y te propongo que me des la oportunidad de contarte, explicarte, narrarte algún episodio más de esta historia, que te des la oportunidad de recorrer un camino ligeramente diferente al de todos los días y a que en esa prueba te abras a recibir las novedades que te lleguen en el recorrido que inicias.

Ni acordarme de las frasecitas lapidarias de turno que sigo escuchando con referencia a la edad, las dolencias, las familias y todos y cada uno de los impedimentos que hacemos propios sin interrogarlos siquiera que andan al servicio del “me quedo como estoy”.

Cálzate las zapatillas de correr y aunque solo sea por probar algo diferente, hoy, ahora, sal a la calle y observa la luz de la tarde que te indica que pronto llegará la noche tibia de primavera, pero que, mientras tanto, tenemos tiempo más que de sobra para dar un largo paseo hasta la cena.

 

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