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La importancia de NO procrastinar


Lo que no se obstruye, fluye

 

Por mucho que le doy vueltas, no encuentro motivos para seguir negando la evidencia: Cuanto más planifico, preparo y anticipo, más me cunde, mejor me encuentro y más a tiempo llego a todo.

Desde adolescente cumplía a rajatabla aquello de dejar para el último día.

Y así lo hacía.

Era buena estudiante y, aunque aplicaba la máxima del párrafo anterior, me iba bien en los estudios.

Luego todo se intensifica, en la Universidad, el primer trabajo, la otra carrera, el máster, y, ay, el tiempo de la improvisación y el último día, empezaron a jugar malas pasadas y a causar estragos.

Casi ni estoy preparada cuando di a luz, porque además se adelantó varias semanas.

A medida que el tiempo ha ido pasando y se nos presupone cierta madurez (espero comprender esto algún día) las cosas se dimensionan de diferente manera.

Y sí, del caos al orden solo es cuestión de lógica (proceso) y prioridades y eso que el caos tiene su propia lógica, pero hoy no va de esto.

Lo comprendí cuando hice el máster de coaching, hace casi 20 años.

Pongo un ejemplo. Esperaba a que me indicaran la bibliografía para salir escopetada a comprar los libros, leerlos en cuanto llegaba a casa para hacer los trabajos (proceso lógico) y presentarlos mucho antes de lo que nos pedían (prioridad).

¿Por qué? Por el interés, ni siquiera veía en ello obligación o imposición, un desde donde bien distinto a la generalidad de las materias en los estudios y algunas tareas durante la jornada laboral.

¿Por qué empezar por lo que más me gusta? Porque me gusta, me atrae y lo disfruto.

¿Y qué pasa con el resto de las tareas?

Truco nada fácil de implementar, pero da muy buenos resultados:

Haz tuyo aquello que no te gusta y cámbiale desde donde lo haces, es increíble, pero funciona.

Sabemos de la plasticidad del cerebro para todo (o casi), por eso prueba esta idea, monta en tu imaginario alguna asociación para la tarea díscola, entrena, elabora y adjudícate beneficios o planteamientos positivos que probablemente solo tú entiendas, ponlo en práctica.

Si además le añades momentos con carga especial a tu favor, más relajados o aquello que necesites, se terminarán convirtiendo en el experimento de Pavlov, lo interiorizarás.

Pruébalo y me cuentas.


Nota: No he conseguido que me gusten las tareas domésticas, pero ahora al menos no las rechazo y salgo corriendo. Algo es algo y para mí todo un avance. No aspiro a ser el ama de casa del año (algo para mí en las antípodas de mis retos vitales, por eso precisamente lo pongo de ejemplo), pero si me lo propongo, podría serlo (no lo veo, aunque nunca se sabe).

Lo que sí sé es que aquellas tareas que disfruto sobremanera, como escribir, cuando me pongo a ello, soy capaz de planificarlas y elaborarlas para todo un año, me lo enseñó mi directora de coaching, y cuando lo hago me desentiendo, trabajo realizado y entregado. Solo me queda cobrarlo, también asunto interesante e importante.

Y ya puestos, no se trata solo de elaborar lo que sea, sino de planificar todo un año con ese lo que sea, por ejemplo, dejarlo anotado por escrito y ya rodando en la cabeza para ir pescando ideas.

A veces, las cosas más peregrinas son las que mejor funcionan.

 

 

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