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La pareja ideal


La cara b
La pareja ideal

Cuando en tu imaginario diseñas tu pareja ideal, no olvides que aquí estamos para crecer y evolucionar, por ello, piensa que tu pareja acuerda contigo a un nivel, digamos, profundo, llevarte a esos espacios que no querrías transitar ni en broma, pero que, sin duda, necesitas para este fin último y magistral de tu paso por este nivel, tiempo, dimensión, planeta, encarnación o como quieras llamarlo.


Tu pareja estará dispuesta a lo que tú llamarás crisparte, enfadarte, enervarte, sacarte de quicio, y un sinfín de situaciones, todas feas o poco amistosas, que tendrás que decidir qué hacer con ellas.


Es tu lado de sombra, tu área de mejora y tu atravesar lo oscuro para percibir la luz.

No creo en el camino de pasteles y pétalos, ni siquiera en el tortuoso o dramático. En ti están los dos. En tu pareja están los dos y en tu relación de pareja, también.


Cuando termine el enamoramiento, eso que determinan consiste en una reacción química de unos 3 años de duración, tendrás que tener claro qué deseas de esa relación para que se convierta en tu gimnasio privado donde te entrenes tú y tu pareja en esto llamado transformación y evolución. Si te saltas los pasos, recuerda, repites jugada. No es cuestión de cambiar de pareja sin haber comprendido, no va del ciclo interminable de novias y novios al, a la que necesitas “cambiar” para que se ajuste a tu exigente perfil. Sino que va de tu compresión más allá de la idea colectiva de la pareja ideal y que tiene más que ver con tu propia evolución como sujeto de lo que supones.


Lindo, ¿no? Pues, seguramente no. Lo opuesto al cava y las fresas. Pero que nos proporciona y nos provoca avanzar en el camino.


No entraré en misticismos que entiendo no van ahora, pero sí quiero dejar dicho que aquello que más nos tortura del otro es aquello que más necesitamos para emplearnos a fondo con nosotros mismos.


¿Qué necesito mejorar?


Yendo a lo genérico, puede ser paciencia, escucha, bondad, cuidado, atención, dedicación, presencia, miles de etc. Y entonces, te devuelvo la cuestión, ¿qué estás haciendo en ti que no recibes paciencia, escucha, bondad, atención, dedicación o presencia? ¿Dónde te formulas tú en todo esto? Tarea para casa. Piénsalo de nuevo y haz este ejercicio hablándote en primera persona. Descubrirás espacios insospechados y amplios en los que navegar.


Créeme, dejar de atacar al otro, dejar de cuestionar solo al otro, quedándote por fuera de la ecuación, como si no tuvieras nada que ver en la relación, no es buen método. Incluir tu parte, observar qué estás haciendo en lo que haces en tu relación al otro, te cambia de lugar y te proporciona nuevas perspectivas de cambio y transformación.

Prueba y cuéntame después. La lectura quizá no sea inmediata, pero cuando tú optas por hacer distintas las cosas, el día a día se transforma y el horizonte se expande.


No hay atajos en esto, se requiere continuidad y direccionalidad, como en todo, pero no puede no funcionar.

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